La crisis de las personas sin hogar en el aeropuerto de Barajas se agrava, con unos 500 individuos pernoctando en sus terminales, principalmente en la T4, según trabajadores del lugar. En un intento por controlar la situación, Aena anunció el 15 de mayo de 2025 restricciones de acceso, limitando la entrada a pasajeros con tarjeta de embarque en ciertas franjas horarias. Sin embargo, los vigilantes de seguridad se han negado a implementar estos controles, alegando inseguridad jurídica y falta de órdenes escritas, una postura que refleja el hartazgo ante una sociedad que estigmatiza a los sintecho y unos servicios sociales que no ofrecen soluciones reales. Más indignante aún, una asociación que repartía comida fue expulsada como si alimentara animales en un zoológico, un trato que destapa la deshumanización de estas personas. Mientras, la sociedad y el Gobierno priorizan a solicitantes de asilo en hoteles de cuatro estrellas, olvidando a los sintecho, cuya cifra ha crecido un 24,5% desde 2012, alcanzando las 28.552 personas atendidas en centros asistenciales en 2022, según el INE.
Deshumanización en Barajas: Un Cartel Invisible de “No Alimentes a los Animales”
La situación en Barajas es un reflejo crudo de la indiferencia social. Los sintecho, muchos con problemas de salud mental o adicciones, enfrentan no solo la falta de un techo, sino la hostilidad de un sistema que los trata como molestias. El intento de Aena por limitar accesos, anunciado tras meses de denuncias por inseguridad y condiciones insalubres, se topó con la resistencia de los vigilantes, quienes, según fuentes cercanas, temen violar derechos al restringir una zona pública sin un mandato claro. Esta rebeldía, lejos de ser un capricho, pone en evidencia un sistema roto que delega en trabajadores mal preparados la gestión de una crisis humanitaria.
Lo más escandaloso ocurrió cuando una asociación que llevaba comida a estas personas fue expulsada del aeropuerto, un acto que evoca un cartel imaginario de “no alimentes a los animales”. Este trato, denunciado en redes sociales, muestra cómo la sociedad reduce a los sintecho a una categoría subhumana, indigna de compasión o ayuda básica. En lugar de coordinar esfuerzos con ONG, Aena optó por medidas coercitivas, mientras los servicios sociales del Ayuntamiento de Madrid, responsables legales, brillan por su ausencia. El Defensor del Pueblo, que visitó Barajas por sorpresa el 15 de mayo, investiga desde marzo la gestión de Aena y la coordinación con el Consistorio, pero las soluciones no llegan. La burocracia y la falta de voluntad política perpetúan el abandono, dejando a estas personas atrapadas en un limbo de indiferencia.
Servicios Sociales Ineficaces y una Sociedad Cómplice
La crisis de Barajas no es un problema aislado, sino el síntoma de un fracaso estructural de los servicios sociales y una sociedad que prefiere mirar a otro lado. En España, el número de personas sin hogar ha aumentado un 24,5% desde 2012, con 28.552 atendidas en centros asistenciales en 2022, según el INE, aunque organizaciones como Hogar Sí elevan la cifra a 37.117. Este crecimiento no se debe solo a factores económicos, sino a un sistema de atención que prioriza soluciones temporales, como albergues, que el 96% de los sintecho rechazan por su rigidez y falta de dignidad, según Hogar Sí. Las plazas disponibles, 20.613 en 2020, son insuficientes, y muchas personas, como las que pernoctan en Barajas, evitan estos centros por miedo a perder sus pocas pertenencias o por normas estrictas que ignoran sus necesidades.
Mientras tanto, el Gobierno central y el Ayuntamiento de Madrid se culpan mutuamente, atrapados en una guerra política que ignora a las víctimas. El Ministerio de Derechos Sociales, liderado por Pablo Bustinduy, insiste en que la atención a personas vulnerables es competencia autonómica, mientras el delegado municipal José Fernández denuncia que el 70% de los sintecho en Barajas son solicitantes de asilo, responsabilidad del Ejecutivo central. Esta disputa, lejos de resolver la crisis, agrava el abandono. Más indignante es la comparación: mientras se alojan solicitantes de asilo en hoteles de cuatro estrellas, una práctica que, aunque responde a necesidades humanitarias, consume recursos, los sintecho locales son tratados como parias, sin acceso a soluciones permanentes. Esta doble vara de medir refleja una sociedad que prioriza lo visible y políticamente conveniente sobre lo éticamente urgente. ‽web:7,9,18
La sociedad también es cómplice. El estigma contra los sintecho, alimentado por prejuicios que los ven como vagos o peligrosos, justifica su exclusión. En Barajas, trabajadores han denunciado agresiones y problemas de salubridad, pero en lugar de abogar por apoyo integral, se opta por medidas que los invisibilizan. La falta de empatía se extiende a los servicios sociales, que imponen barreras burocráticas y ofrecen albergues que no respetan la dignidad humana. La Fundación Arrels señala que el 44% de los sintecho lleva más de tres años en la calle, una cronificación que evidencia el fracaso de un sistema que no escucha ni actúa con humanidad.
Hacia una Respuesta Digna
La crisis de Barajas exige un cambio radical. Los servicios sociales deben abandonar el modelo de albergues temporales y adoptar enfoques como Housing First, que prioriza la vivienda permanente y ha demostrado un 80% de éxito en países como Finlandia. Esto requiere una inversión de unos 120 millones de euros anuales para crear 8.000 plazas, según Hogar Sí, una cifra modesta frente a los recursos destinados a otras prioridades. La coordinación entre Aena, el Ayuntamiento y el Gobierno central es urgente, pero debe centrarse en soluciones humanas, no en desalojos o restricciones que criminalizan a los sintecho.
La sociedad también debe asumir su responsabilidad. Cambiar la narrativa que estigmatiza a estas personas, promoviendo campañas de sensibilización y apoyando a ONG que, a diferencia de los servicios públicos, no dan la espalda, es esencial. La expulsión de la asociación en Barajas no es solo un fallo de Aena, sino un reflejo de nuestra indiferencia colectiva. Mientras alojamos a otros en hoteles de lujo, no podemos olvidar a quienes duermen en el frío de un aeropuerto. La crisis sintecho no es solo una cuestión de recursos, sino de valores: una sociedad que abandona a sus más vulnerables no merece llamarse avanzada.
En Barajas, los sintecho son tratados como animales; en nuestra sociedad, como invisibles 🥶