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sábado, enero 17, 2026
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Maduro, narcotráfico y geopolítica: el tablero oculto del poder en Venezuela

En el mapa convulso de América Latina, Venezuela ocupa hoy un lugar central no solo por su crisis política y humanitaria, sino también por los señalamientos que vinculan al régimen de Nicolás Maduro con redes internacionales de narcotráfico. Estos nexos, lejos de ser simples acusaciones mediáticas, se han convertido en un fenómeno de poder con profundas implicaciones geopolíticas. El llamado Cartel de los soles -nombre que proviene de las insignias de forma de sol usadas por los generales venezolanos- ha sido señalado como el entramado criminal que conecta a altos mandos de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) con el tráfico internacional de cocaína. Se tienen datos que desde la década de 1990, investigaciones en Colombia y EE.UU. advertían que militares venezolanos facilitaban rutas aéreas y fluviales para el envío de droga, que con la llegada de Hugo Chávez al poder y, más tarde, con el ascenso de Nicolás Maduro, estas estructuras se consolidaron bajo la narrativa de  «soberanía » y «revolución bolivariana». Esta no es una organización al estilo clásico de los cárteles mexicanos, sino una red difusa donde altos mandos militares, políticos y empresarios estatales actúan como protectores de rutas y facilitadores logísticos. Su principal ventaja : controlar las fronteras, puertos y aeropuertos del país.

Los vínculos con los carteles mexicanos

La droga que fluye por Venezuela tiene un destino claro :los mercados de consumo en EE.UU y Europa. Para lograrlo, las conexiones con los carteles mexicanos -especialmente el de Sinaloa (localizado el norte) y, más recientemente, el de Jalisco, Nueva Generación (CJNG) ubicado al centro de México- han sido clave en conexión de rutas aéreas clandestinas que despegan de pistas improvisadas en Apure, Zuria, Venezuela con destino a Centroamérica, donde los cárteles mexicanos han tomado el control. Agregando a estos vínculos, testimonios de capos capturados señalan que emisarios de Maduro habrían ofrecido protección y combustible subsidiado a cambio de participación en el negocio, incluso, durante procesos judiciales en EE.UU. ex integrantes del circulo de Joaquin El Chapo Guzman confirmaron que representantes del Cartel de los Soles colaboraban con la estructura de Sinaloa para garantizar la salida de cargamentos desde Venezuela.

Las declaraciones de » Popeye » y del «Chapito »

Jhon Jairo Velásquez, alias Popeye, sicario de Pablo Escobar, afirmó antes de la derrota del capo que “Venezuela es hoy un narcoestado” y que su territorio era usado como santuario de operaciones por grupos herederos del cartel de Medellín y socios mexicanos. Aunque sus declaraciones fueron polémicas, coincidían con informes de la DEA y de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito.

Por su parte, Iván Archivaldo Guzmán Salazar, alias el Chapito  -hijo del Chapo Guzmán- habría señalado en conversaciones interceptadas por autoridades mexicanas que las rutas venezolanas eran  “las más seguras” porque estaban bajo la custodia directa de militares, no de bandas criminales dispersas. Esto es lo que convierte a Venezuela en un socio estratégico, no en un intermediario menor.

La conexión con Irán y países árabes   

La geopolítica añade otra capa peligrosa. Venezuela no solo facilita el narcotráfico, sino que, según múltiples informes de inteligencia, ha permitido el ingreso de actores extra regionales como Irán y grupos vinculados al mundo árabe radical, por ejemplo el régimen de Maduro ha tejido alianzas con Teherán a través de convenios energéticos, financieros y de seguridad, que si bien este último estamos por ver. Por otro lado existen denuncias sobre vuelos entre Caracas y Teherán, los llamados “vuelos de la sombra“ operados por Conviasa (aerolínea estatal venezolana), no son vuelos turísticos normales, sino que operan con poca publicidad, en horarios irregulares y en escasa transparencia, se dice que movilizan capitales ilícitos y posibles cargamentos de armas.

Analistas advierten que parte de los recursos obtenidos del narcotráfico podrían estar nutriendo redes afines a Hezbollah, movimiento que ya tiene presencia documentada en la región de la Triple Frontera (Argentina, Brasil , Paraguay). En este contexto, Venezuela aparece como un nodo híbrido: un narcoestado con fachada política que combina intereses militares, criminales y geoestratégicos, al servicio de alianzas con potencias enfrentadas a Occidente.

Un tablero geopolítico de alto riesgo

Lo que está en juego no es únicamente la democracia venezolana ni la integridad de sus ciudadanos, sino la estabilidad hemisférica, para EE.UU., un narco Estado aliado con Irán en su proprio “patio trasero” constituye un desafío de seguridad nacional. Por su parte Europa ve que la ruta venezolana implica un aumento del flujo de cocaína hacia sus puertos, incrementando la violencia urbana y la corrupción institucional. En cambio para el mundo hispanoamericano, el riesgo es la exportación de un modelo que combina populismo autoritario con economía criminal.

Nicolás Maduro intenta sostener su régimen en base a tres pilares; la represión política, el rentismo petrolero (aunque debilitado) y el narcotráfico como economía paralela. Su alianza con militares corruptos, cárteles mexicanos y socios extra regionales convierte a Venezuela en un laboratorio del crimen transnacional. Quizás estamos frente a un nuevo paradigma: El Estado que se convierte en cartel, y el cartel que se convierte en Estado. Allí radica la verdadera amenaza.

El futuro de Venezuela no solo será decidido en las urnas o en las calles, sino también en el tablero clandestino del narcotráfico global y en los pactos geopolíticos que Maduro ha tejido con actores que ven en el caos una oportunidad. Aunque también no descartemos la posibilidad de una solución que venga de la intervención de un tercer actor, dispuesto a colocar orden, aunque para llegar a ello, tendría que desenvolverse un caos.

Kami Zamudio
Kami Zamudio
Kami Zamudio, orgullosamente tijuanense, es licenciada en Relaciones Internacionales con maestría en Educación. Armándose de información, diálogo y mucha reflexión, se dedica a combatir el antisemitismo y otras trifulcas con la misma pasión con la que otros coleccionan tazas o plantas. Cree en el poder de la conversación y en que un mundo mejor empieza por entendernos un poquito más.

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