back to top
sábado, enero 17, 2026
spot_imgspot_imgspot_imgspot_img

Top 5 ESTA SEMANA

PUBLICIDAD

spot_img

LO RELACIONADO

PUBLICIDAD

spot_imgspot_img

Mercados navideños frente a las sombras del terror

Cada invierno, cuando Alemania y Suiza encienden sus tradicionales mercados navideños, algo profundamente humano ocurre; la fría atmósfera europea se abriga con aromas de especias, madera fresca y vino caliente. Las ciudades se llenan de luces que no solo iluminan las calles, sino la memoria ancestral de lo que significa convivir en paz y alegría. Sin embargo, en los últimos años, esta postal idílica ha sido vulnerada por la sombra persistente de las alertas de atentados terroristas. El pasado domingo 15 de diciembre en Sídney, Australia se hizo realidad la fragilidad con la que se festejan las fiestas judías o cristianas; desgraciadamente, el miedo cada vez se apodera de más ciudades, espacios y actos de convivencia humana.

Mercado navideño con luces y atracciones nocturnas

Es una ironía dolorosa, la época que debería recordarnos nuestra capacidad de reunión y celebración, ese impulso casi sagrado de encontrarnos alrededor del calor colectivo, se ve interrumpido por advertencias de seguridad, presencia policial reforzada y un recordatorio constante de nuestra inseguridad. Alemania, marcada por ataques pasados que golpearon precisamente estos espacios de convivencia, y Suiza, cautelosa ante un contexto europeo tenso, se enfrentan nuevamente al desafío de proteger la normalidad sin convertirla en sospecha. Aunque con los resientes actos, cada vez es mas factible que se acerque un nuevo evento que marque con tristeza una temporada destinada a la alegría.

Pero hay algo profundamente filosófico en la resistencia silenciosa de estos mercados. A pesar de los riesgos, la gente sigue asistiendo. Sigue comprando artesanías, compartiendo bebidas calientes y escuchando villancicos en diferentes idiomas. Es como si, colectivamente, se afirmara que la dignidad de transitar en paz no es negociable. Que ninguna amenaza puede borrar el derecho y la necesidad de celebrar. Las fiestas decembrinas reflejan precisamente lo anterior, un mes de unidad en las culturas judeo-cristianas, donde todos son bienvenidos.

Mercado navideño iluminado por la noche

Sin embargo, el terrorismo busca fracturar lo más elemental, la alegría de estas fechas, la confianza. Quiere convertir lo cotidiano en territorio hostil, despreciando tradiciones o muestras culturales, sus actos reafirman que no TODO es bienvenido. Pero los mercados navideños, con su simplicidad luminosa, defienden lo contrario, que la vida compartida es más poderosa que el miedo. Caminar entre puestos iluminados se vuelve, sin que lo digamos abiertamente, un acto político, una declaración ética y moral de convivencia.

 Por ello, en tiempos de fiestas, cuando un mundo en crisis habla de paz como si fuera un milagro reservado para diciembre, conviene recordar que la paz no solo se desea, se practica, y al practicarla implica apropiarse de los espacios públicos de la mejor forma, encontrando, reuniéndose con amigos, no desde la inconsciencia sino desde la convicción de que la convivencia y el buen ambiente familiar son formas sanas de confrontar la amenaza latente, y mucho más valioso que cualquier manifestación agresiva en contra de la violencia.

Mercado navideño en calle iluminada

Los mercadillos de fin de año nos recuerdan con sus luces y sus sonidos particulares que debemos de insistir en un clima ameno, apacible, no desde la banalidad de una fiesta, sino desde la respuesta humana del encuentro en tiempos de crisis, en tiempos oscuros, en tiempos de guerras y terror, que las ideologías de odio no nos quiten la esperanza por un mundo mejor, que los extremos no desmantelen tradiciones alegres, ni nuestra herencia, un mes importante tanto para el calendario gregoriano como el judío, nuestras celebraciones deben ser defendidas como un derecho permanente, con la misma firmeza con la que encendemos las velas de adviento o las de janucá. Ninguna ideología extremista nos pueden quitar nuestro derecho cultural y libertad de profesar la filosofía, culto o religión en la que uno nace o la que uno elige, ningún grupo nos puede arrebatar lo anterior. 

En estos días les deseo mucha PAZ, LUZ Y ESPERANZA. Por que la verdad, el mundo la necesita y mucho…

Kami Zamudio
Kami Zamudio
Kami Zamudio, orgullosamente tijuanense, es licenciada en Relaciones Internacionales con maestría en Educación. Armándose de información, diálogo y mucha reflexión, se dedica a combatir el antisemitismo y otras trifulcas con la misma pasión con la que otros coleccionan tazas o plantas. Cree en el poder de la conversación y en que un mundo mejor empieza por entendernos un poquito más.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí
Captcha verification failed!
La puntuación de usuario de captcha falló. ¡por favor contáctenos!

LOS POPULARES