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sábado, enero 17, 2026
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Los medios de comunicación y la erosión de su credibilidad: cuando el lenguaje escrito no informa, condiciona.

Durante décadas las cadenas de noticias de gran formato como, la BBC Mundo, New York Times, y otras, fueron considerados referente del periodismo internacional; sobrio, preciso y equilibrado. Sin embargo, en los últimos años, su cobertura sobre Oriente Medio (y en particular sobre Israel) entre otros temas internacionales, ha encendido alarmas incluso entre lectores que no se identifican necesariamente con facciones políticas. El problema no radica solo en el enfoque, sino en el lenguaje editorial que algunas cadenas han adoptado y que ha comenzado a socavar su credibilidad. 

Mapa de Israel con bandera y emblema.

El término “ocupación” y otros conceptos entre comillas, pero con intención

Uno de los elementos más llamativos es el uso recurrente de expresiones como “ocupación israelí” , a menudo presentadas entre comillas; lo que en teoría debería funcionar como una cita indirecta o un distanciamiento editorial. Sin embargo, para el lector promedio, el mensaje queda descrito como: Israel es un actor ilegítimo en un territorio. Lo que que se ignora al leer es que la prensa utiliza estas comillas como un tecnicismo para resguardarse jurídicamente, evita afirmar o acusar directamente, pero instala la idea, normalizándola y reincidiendo en ella en cada artículo destinado al tema. En la práctica, es una estrategia discursiva, decir sin decir, influir sin asumir responsabilidad, Etc. Pongamos otro ejemplo y muy reciente, el 5 de enero del 2026 la BBC Mundo publicó un artículo titulado “Fui secuestrado y sigo siendo el presidente”: Nicolás Maduro se declara no culpable ante el tribunal de Nueva York.  En este titulo podemos discernir que no existe un secuestro, todo mundo sabe el paradero y ubicación, el uso de las comillas significa, que lo dicho no es responsabilidad de la cadena de noticias. Pero sigamos adestrándonos en las narrativas periodísticas tramposas.

Israel no es una ocupación, es un Estado soberano reconocidoEl problema no es semántico sino de hechos; Israel es un Estado miembro de la ONU, reconocido por más de 160 países, con instituciones estables, fronteras operativas y derecho a existir como cualquier otra nación. Reducir su existencia a una categoría como “ocupación” ( aunque sea entrecomillada) distorsiona la realidad política, legal e histórica. Ningún otro Estado democrático en conflicto territorial es descrito de modo tan sistemático y reduccionista. En este sentido no vemos titulares sobre “la ocupación de Marruecos” , “la ocupación de Turquía”  , “la ocupación de Armenia” frente a sus respectivos conflictos. Ese doble estándar no es periodismo, es narrativa. Una narrativa que se utiliza también para blanquear otros temas, cambiar simpatías, Etc. 

Hombre hablando con micrófono en conferencia

El impacto en la opinión pública

Los medios no solo informan: administran la realidad como bien lo dice el Maestro Francisco Gil-White. Cuando medios de comunicación como la BBC Mundo, por citar algún ejemplo, insisten en un vocabulario que deslegitima a Israel y refuerza prejuicios, polarizar la conversación internacional y alimentar la desinformación en un tema que ya es extremadamente complejo. La consecuencia es preocupante; lectores que creyendo recibir datos e información, reciben interpretaciones disfrazadas de objetividad. La credibilidad no se pierde por un error aislado, sino por patrones. Y en el caso de BBC Mundo, el patrón ya es evidente.

Vista aérea de ciudad costera con mar y edificios.

El derecho a existir no es negociable

Para algunas agencias de noticias Israel no tiene derecho a existir, defender a su población y a gestionar sus políticas internas como cualquier otro país soberano. Ese derecho se ve afectado por la narrativa mediática y el modo en que la opinión pública se forma a partir de informaciones sesgadas. Las palabras que despliegan los medios de información masiva tienen un efecto en como se moldea y legitima la realidad, por ello escuchamos y leemos con frecuencia que un país no debe de existir, en este sentido, un público en masa no duda de lo anterior, una lectura informativa se convierte en alimento para resentimientos. Lo anterior no debería de ser normalizado, esta mal y las cadenas y medios de comunicación lo saben, pero lo siguen proponiendo. Cuando un periódico con la influencia global de la BBC utiliza un lenguaje que sugiere que Israel es algo menos que un Estado soberano, comete un acto de irresponsabilidad comunicativa. O en el caso de Maduro, poner entre comillas que “esta secuestrado” le resta responsabilidad de los delitos que le imputan. Una cuestión de ética.

Un estándar que ya no cumple la promesa de informar

La BBC proclamó durante años su compromiso con la imparcialidad. Pero la imparcialidad no se predica, se demuestra eligiendo vocabulario preciso, evitando fórmulas insinuantes, tratando a todos los Estados, incluido Israel, o a todos los delincuentes aunque estos sean presidentes, con el mismo rigor terminológico. 

Cuando un medio empieza a opinar mediante el lenguaje, incluso mientras dice “informar” lo que pierde no es una discusión editorial, pierde la confianza del público, a esto le sumamos su responsabilidad, cuando incrementan las problemáticas que cubre. 

Micrófonos entrevistando a una persona

El desafío de recuperar la precisión

Criticar a un medio no equivale a deslegitimarlo; equivale a exigirle respeto al lector. La responsabilidad del periodismo es describir la realidad con exactitud, no moldear para encajar en una narrativa internacional cómoda.

 Israel es un país, no una nota al pie, y Maduro debe ser nombrado como lo que es, un mandatario que se extralimito de sus funciones, no un secuestrado. Cuestionemos el entrecomillado, o el sujeto condicional, cuando medios de comunicación importantes obstaculizan la visión de un hecho básico con eufemismos o insinuaciones, no están reportando, están administrando la realidad. Si estos aparatos de información desean seguir siendo referente, deberan volver a un principio simple pero poderoso; el rigor del lenguaje no es opcional. Es la base misma de la credibilidad.

Kami Zamudio
Kami Zamudio
Kami Zamudio, orgullosamente tijuanense, es licenciada en Relaciones Internacionales con maestría en Educación. Armándose de información, diálogo y mucha reflexión, se dedica a combatir el antisemitismo y otras trifulcas con la misma pasión con la que otros coleccionan tazas o plantas. Cree en el poder de la conversación y en que un mundo mejor empieza por entendernos un poquito más.

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